¡ALÉGRENSE!



La Palabra de Dios nos dice que debemos tener la alegría del Señor y que no se compara a ninguna de las mayores alegrías de este mundo (Filipenses 4:4) ya que nunca se termina sino que permanece, es constante y no está condicionada a ningún trofeo ni logro personal sino que consiste en la alegría de sentirnos hijos de Dios que es capaz de derrotar cualquier adversidad y que produce paz. Es la confianza en Él la que genera paz y quita todo afán y angustia.


La paz que viene de Dios sobrepasa todo entendimiento y guarda nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Y si los malos pensamientos solo devienen de una vieja naturaleza donde las emociones te ganan, debes saber que solo se rompen cuando logres salir de ese círculo vicioso gracias a Jesucristo de Nazaret. Los malos pensamientos generan temores y miedos, pero si continúas ya estás ganando a diferencia de los que se estancan y no logran nada en la vida, colocándose solo en la condición de víctimas. Por ello es que decimos que la paz de Dios es la que guardará tu mente en Cristo Jesús. Una mala actitud proviene de un mal pensamiento y puede contagiarse, por ello la imperiosa necesidad de buscar consejos sabios de alguien que tema a Dios y no dejarse llevar de aquellos que dan consejos malos (Salmo 1). Debes tratar de caminar con gente de fe y no te afanes ni por el dinero, ni por la enfermedad, ni por la falta de trabajo.



La oración activa la respuesta de Dios cuando es acción de gracias y si estás viviendo adversidades hay una forma de mantener el gozo: Nunca dejes de confiar en Dios porque todas las cosas obran para bien (Romanos 8:28) y Él conoce tu futuro y puedes decirle ¡gracias! ante o un sí o un no suyo. Por eso alégrate en el Señor porque es una alegría que nadie te podrá quitar. Los malos pensamientos vienen solos y no necesitan que los practiquemos, mientras que los buenos sí debemos entrenarlos solo cuando le entregamos nuestra vida a Jesús y se cultivan pensando solo en lo verdadero y honesto (Filipenses 4:8) para poder vivir con gozo y dejar de lado esa cultura de pensar mal que aprendiste de pequeño.


Filipenses 4:4-13

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! 5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. 6 No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

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