LA GRATITUD A DIOS NOS IMPULSA A SER HUMILDES

Tenemos que aprender a agradecer a Dios por la familia que tenemos, declarar que son todos siervos de Dios llenos del Espíritu Santo y tú mismo también tienes que caminar firme porque eres hijo del Rey y caminarás en victoria. Todo esto significa la gratitud.

En Lucas 17:11-19 leemos que eran 10 leprosos los que estaban adoloridos por sus llagas y clamaron misericordia al Señor Jesús quien los sanó. Ante esto nos podemos preguntar: ¿Cuántas veces el Señor también ha tenido misericordia con nosotros y nos ha sanado? ¿Cuántas veces le prometimos servirle y luego nos olvidamos de nuestro compromiso? Dice La palabra que sólo un leproso curado regresó y se postró para agradecer; y aquel hombre te representa a ti porque Dios ha hecho hoy un milagro en tu vida: en el momento y en el lugar perfecto. Es hoy que Dios limpia lo que tanto te aflige y debes asumirlo con determinación.

La gratitud es un imperativo moral y una fuerza poderosa que nos impulsa a obedecer a Dios: ¡Es por gratitud que le obedezco a Dios! Se trata de obedecer Sus Mandamientos (Juan 14:21) que se sintetizan en el amor a Dios y al prójimo. El amor a Dios a Dios se demuestra cuando respeto a la otra persona, le honro y no me apropio nunca de nada ajeno; tenemos que saber pedirle a Dios ese amor Suyo. Dios ha hecho tantas cosas en nuestra vida y nos ha perdonado todo tipo de pecado, pero quiere nuestro real arrepentimiento como lo hizo aquella mujer delante de Jesús a lo mejor cansada de no vivir en el orden de Dios (Lucas 7:36). Dios conoce cómo estamos delante de Él y por ello debemos postrarnos para decirle: ¡Señor aquí estoy! Pues con Su Amor incomparable Él viene y nos perdona. La gratitud también nos impulsa a vivir en Santidad para poder ver a Dios (Hebreos 12:14) y nos impulsa a ser genuinamente humildes (Lucas 18:9) y humillarnos delante de Él porque le faltamos todos los días de una u otra forma: ¡Debemos reconocer que somos humanos! Empecemos a amar a los que nos aborrecen y si estamos en el amor de Dios no será difícil. Si te insultan, ámalo en el Señor y cancela dicho mal en Su Nombre, porque nosotros no tenemos que aceptar palabras de maldición.

La gratitud nos impulsa a predicar el Evangelio de Dios y hacer discípulos de Jesucristo (Mateo 28:19), para que nadie se pierda (Mateo 18:14); mientras que la ingratitud y la incredulidad van de la mano, pues así como Israel fue liberado por Dios de Egipto (Éxodo 17:13) pero le desobedeció, la ingratitud lleva a traicionar a Dios como hizo Judas (Lucas 22:1-6).

¡La ingratitud nos lleva a la amargura pero la gratitud nos lleva al gozo!

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