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LOS DESAFÍOS DEL PERDÓN


Nuestra reflexión de estos días nos hace ver que cuando crees que todos confabulan contra ti, crees que todo se deteriora, cambias de trabajo a cada rato, etc.; es porque sigues en el estado de amargura y entonces requieres hoy más que nunca del perdón porque es tan inherente a la existencia humana como el reír, comer y dormir. Por lo tanto, la falta de perdón es antinatural y extraña, produce enfermedades y muchas secuelas. Entendamos por eso qué significa y qué se requiere para perdonar aunque nos cueste o nos resulte difícil, ya sea porque no tendemos a sentirnos culpables sino a señalar a otros o, porque simplemente nadie nos perdonará perfectamente. Necesitamos salir de esa miopía espiritual con el auxilio de la Palabra de Dios porque los otros recursos humanos o terapéuticos serán siempre solo verdades que te ayudarán pero que no llegarán a liberarte: informan pero no transforman.

Para nosotros conocer es más que información, es sinónimo de libertad porque conocerás la verdad y, el camino de la libertad comienza cuando eres consciente de las verdades que están camufladas en ti. Ello requiere de una alta dosis de humildad, valentía y ponerte en el lado del otro, del ofensor


; porque nadie ofende adrede salvo casos excepcionales que no podemos ignorar y es menester saber qué fue lo que le impulsó. El perdón te desafía a ser libre, a cambiar; significa redimir y condonar perfectamente y eso ya será un regalo de paz.

Muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones que son muy fuertes, nos invaden y nos hacen vivir en un estado de calamidad. Y en esta situación nos cuesta perdonar, pero debemos recordar que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía sino de poder, amor y dominio propio (2 Timoteo 1:7). Por ello el verdadero cristiano está a prueba de ofensas y entenderlo es clave para nuestra vida de fe porque seguir a Jesús es llevar la cruz, no es comodidad, en ese sentido, si sabes que hay cosas que te duelen y hacen daño -como por ejemplo las malas conversaciones- pues debes alejarte de ellas. Del mismo modo cuidar tu hablar y hacerlo con mucha sabiduría. Algunos apelarán a tu ego y tu autosuficiencia haciéndote sentir “que te han herido en tu amor propio”, entonces vivirás en tu estado de amargura tal, que como pecado siempre huele mal, apesta y es contagiosa.

Vivir una vida de fe es vivir en la Palabra de Dios que alimenta tu espíritu: si más hombre de fe quieres ser, vive más de la Palabra y no habrá chisme ni murmuración que tenga que ver contigo.

El perdón no es buscar al ofensor o sentirte culpable. Es un estado de no – ofensas y si los hay, pues no me dañan y me resbalan. Deja ya esa forma absurda de vivir porque Jesucristo ya te liberó de toda clase de esclavitud y sólo Él tiene el poder libertador…

…¡y quien está en Cristo no es cobarde y es libre por fin!


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