TIENES A JESÚS, ERES LIBRE

La libertad es una facultad que tiene el ser humano para poder elegir entre lo bueno y lo malo, la capacidad innata para discernir entre sus pensamientos y palabras para actuar por voluntad propia, sin coacciones ni manipulaciones.

La Biblia la refiere en Juan 8:32 en términos de conocer la verdad pero no un conocer en automático sino con un despertar en tu conciencia a la verdad que nos hará libres. Esa verdad se llama Jesucristo y en el versículo 36 se complementa diciendo que seremos realmente libres si Jesucristo nos libertare. Conocer es tomar conciencia con la luz que resplandece en tu interior y donde aparece el milagro de la transformación.

Así es la vida del cristiano: no son los ritos sino las acciones para ir creciendo en nuestra transformación y la Palabra no es un conjunto de textos teológicos que van a nuestra cabeza para agrandar nuestra razón sino que viene directa a nuestro corazón.

Estar consciente de algo es tener conocimiento y el ser humano tiene ese estado de conciencia. Al ser conocedor de sus actos tiene la capacidad de discernir para saber cuáles de sus actos están bien y cuáles no. ¿Quién te dice que está bien y qué está mal? ¿Tus padres, maestros de la escuela? ¿Entonces cómo sopesas tus actos? Si tienes una Biblia debes leerla y practicarla, pero si tienes pereza espiritual y no tienes base, te envejecerás y morirás convalidando tus acciones con lo que la mayoría hace: “si lo hacen todos, está bien”. Pero si yo soy creyente, mi tarea es confrontar mis acciones y mis pensamientos con la Palabra y aprender a ser mejor persona conociendo cada vez más a mi creador no a un nivel religioso.

Tienes a Jesús que vino para deshacer toda obra del mal y si tú crees con todo tu corazón que alguien te proveerá de salvación, te presento a Jesucristo quien como abogado defenderá tu causa: si sanó leprosos, levantó paralíticos, perdonó a una ramera de la pedrada y hasta al ladrón que padecía junto con Él en la cruz ¿Por qué no lo haría contigo si les prestó atención a ellos? ¿Qué podrían ellos darle a cambio por lo que hiciera por sus vidas? ¡Nada! Eso se llama gracia infinita de Dios porque no se fijó en ti por tu conocimiento, fama y posición, sino porque te ama como eres.

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