VERDADERO PADRE, VERDADERO HOMBRE

February 14, 2019

 

Leemos en Lucas 15:11-32 la llamada parábola del hijo pródigo que tiene que ver con cierto joven que empieza a tomar sus propias decisiones, le pidió a su padre la parte de la herencia para irse a disfrutar y el padre no hace nada para persuadirlo porque el hijo ya había crecido y comenzaba a tomar sus propias decisiones basado en la forma como lo educaron, de sus experiencias con quiénes se relacionó y que influyeron en sus decisiones. Lo que impacta es útil para los que todavía tenemos hijos pequeños y debemos ser de influencia para ellos, de modo que tomen las mejores decisiones. Debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo por ellos hoy para que mañana tomen las mejores decisiones? Hoy podemos ordenarles que tiendan sus camas, se laven los dientes, de ir a tal o cual parte, etc.; y tomamos decisiones por ellos, pero cuando crezcan empezarán a tomar sus propias decisiones y la fuente será para ello lo que hagamos desde hoy.

El hijo pródigo es el rebelde, el que pide se le adelante la herencia, peca deliberadamente y termina en el más triste desorden; pero  al final regresa a casa y es recibido por su padre con ternura pese a su comportamiento. Por ello, más que resaltar la actitud de este joven es el padre quien prácticamente es un héroe y es su figura paterna la que más resalta. Es un padre espectacular y amoroso pues su hijo ha derrochado todo y lo recibe mejor que nunca. Para nosotros lo normal ante un hijo que no se porta bien es que el padre lo discipline, lo regañe y le saque en cara por todos los consejos que antes le había dado, volcando toda su ira y frustración ante su ausencia; pero cuando su hijo regresa a pedir perdón, su padre no lo quiere escuchar y sólo lo abraza, le viste con la mejor ropa y hace el mejor banquete para el hijo que estaba perdido. Tiene que tratarse de un papá héroe para que en vez de castigarlo y ponerle condiciones, se olvide de todo y solo le importa la alegría de recuperar a su hijo y celebra lo acontecido.

Si este mundo está como está es porque ya no existen este tipo de papás, tal y como lo que Dios Padre hace con nosotros, pero es Su Anhelo que practiquemos este tipo de paternidad sabiendo en qué momento se desconectan nuestros hijos, aquello que los psicólogos conocen como la etapa de la adolescencia, cuando de la noche a la mañana se vuelven callados, solitarios y se cierran en sus habitaciones a solas. Casi ya no los reconocemos, antes tenían hasta la misma línea de pensamiento pero hoy son diferentes, aburridos y se desconectan como el hijo menor de esta parábola. El asunto es que los hijos siguen  creciendo y notamos otras actitudes en ellos; en otros países hasta se independizan y asumen modelos propios de vida desconectados de sus familias. Todo papá es consciente cuando su hijo está distante y es pródigo estando en su propia casa porque está metido en un sistema que estamos viviendo donde conviven varias generaciones y donde resalta aquella que se presenta como una avalancha de cambios, donde los chicos de hoy no viven sin internet, ni televisión, ni las comunicaciones y que en general han cambiado los comportamientos de las personas especialmente de los jóvenes que piensan muy diferente bombardeados por una información a la que tienen acceso y donde se enteran de cosas que antes no sabíamos sino hasta más adultos.

¿Qué tipo de generación estamos formando, qué tipo de padres estamos siendo? Hay mucho que hablar al respecto. Esta es una generación donde el concepto de Dios está ajeno y las medidas que tomamos para mejorar esta situación son reglas que no funcionan pues nos hacemos más drásticos. Ello solo provocará más rebeldía. Las reglas funcionan sobre la base de la ternura; dejemos de criticar sus defectos y reconozcamos sus habilidades. Hay hijos pródigos que no saben a dónde van y no saben atar ni desatar. Las reglas son buenas pero se necesitan relaciones y eso generará confianza. Padres tengamos ya una vida espiritual y que no nos digan que es algo vergonzoso porque no pierdes tu esencia de hombre cuando levantas las manos a Aquel que le da sentido a tu vida  y es ahí que recién comienza tu paternidad: cuando el varón, cabeza de familia, se humilla a Dios. Papá antes de hablarles a tus hijos de Dios, primero háblale a Dios acerca de tus hijos. Ora y ora, busca a Dios. Eso es ser un verdadero hombre y un verdadero padre.

 

 

 

 

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